jueves, 10 de enero de 2013

Nuestra capacidad de imaginar es, como nuestra capacidad de desear, infinita. Si nos lo pidieran, o aunque no lo hagan, cientos de deseos y sueños sobrevuelan la realidad constantemente; bien para ayudarnos a hacerla más llevadera, bien por nuestro carácter inconformista, peu importe. Soñar sigue siendo gratis y en eso nos escudamos para explicar nuestras fantasías, metas y objetivos. Pero, ¿qué ocurre cuando los anhelos se vuelven reales? En la cama, nuestras fantasías suelen materializarse para decepcionarnos; cuando salimos de ella, la realidad puede ser aún más cruel. ¿Qué ocurre cuando nuestro más ansiado objetivo se vuelve real y no somos capaces de abordarlo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario